Entendemos a los clubes de barrio como espacios de encuentro y contención social donde niños y jóvenes se forman en valores y en una identidad. Son lugares fundamentales a la hora de pensar la socialización, el encuentro entre pares, y la prevención de conductas con gran impacto en la vida diaria como es el aislamiento, el sedentarismo y los consumos problemáticos. En una sociedad cada vez más fragmentada, individualista y atravesada por el hiperconsumo; los clubes de barrios aparecen como símbolo de “resistencia colectiva” donde el “nosotros” se antepone al “yo”, y su aporte en la reconstrucción del tejido social y la participación comunitaria se vuelve clave.
En estos espacios, lo intergeneracional es un componente singular que explica en parte la riqueza de las experiencias compartidas, el intercambio, la construcción de pertenencia y la búsqueda del bien común.
En línea con lo mencionado, en la Provincia de Buenos Aires, se han impulsado dos leyes- Ley N°15192 de Asociaciones Civiles, y Ley N° 15413 de las Infancias Respetadas- que entienden, por un lado la importancia de la protección de los clubes de barrio como parte constitutiva de nuestra sociedad; y por otro la necesidad garantizar a las infancias el derecho al pleno goce de las prácticas deportivas, la recreación y el juego, promoviendo a los clubes como espacios libres de todo tipo de violencia o riesgo latente o concreto. En este sentido, se los reconoce como pilares fundamentales de la salud y el desarrollo integral de las infancias.
Respetar y garantizar los derechos de las infancias en el ámbito de las asociaciones civiles, requiere de la articulación de las distintas áreas del Estado desde los niveles nacionales, provinciales como municipales. Particularmente, los municipios por su articulación cercana y directa con los clubes de barrio cumplen un rol central en la implementación de políticas orientadas al cuidado de los jóvenes y la prevención de las violencias.
Trabajar junto a entrenadores, profesores y talleristas de los clubes de barrio en la promoción de entornos libres de violencias hacia las infancias, centrándose en el uso responsable de las pantallas para recuperar el club como un espacio de encuentro y juego, es clave para garantizar la protección de los derechos de las infancias en la era digital.
Ante el avance de riesgos como las apuestas online, el ciberacoso, el ciberbullying, entre otros; y donde los celulares son elementos de distracción constante y foco de conflicto, transformar la distracción digital en vínculos humanos saludables garantizando la protección de los derechos de las infancias en la era digital, es el mayor desafío en este contexto.
Tanto entrenadores, profesores, como talleristas no son solo instructores técnicos sino también son referentes afectivos y por lo tanto, aliados fundamentales en la prevención de riesgos y detección temprana de vulnerabilidades en los entornos digitales.
Por ello, es indispensable la capacitación y sensibilización de los adultos responsables en estos ámbitos, buscando desarrollar herramientas necesarias a la hora de intervenir y mediar de manera efectiva en la protección del desarrollo emocional, físico y mental de los jóvenes; al tiempo que puedan ser un eslabón central en la educación digital y en la construcción de pensamiento crítico, donde el control exhaustivo y la prohibición total pareciera ser insuficiente.